miércoles, 6 de junio de 2012

Hubo un tiempo en el que creía en dragones...

Hubo un tiempo en el que creía en dragones. Entonces era todo más fácil. Tengo un cansino sentido de la justicia, pero con minúscula, de la que Richard Gere habla en "Las dos caras de la verdad":

"El primer día en la facultad de Derecho, el profesor nos dijo dos cosas: de hoy en adelante cuándo sus madres les digan que les quieren pidan una segunda opinión. Y si desean justicia, vayan a un burdel pero, eso sí: si quieren que les jodan, vayan a los tribunales".

Quizá para eliminar posibles disquisiciones morales, en vez de justicia debería hablar de equilibrio. Me gusta... necesito pensar que todo tiende a equilibrarse con el tiempo, que si alguien hace algo malo, tarde o temprano acaba pagando por ello y que las buenas acciones no quedan sin recompensa. Todo eso era muy fácil cuándo creía en dragones... Porque hacía que el tiempo fuera infinito para cada uno de nosotros. Para pagar y para recibir. Sólo era cuestión de tiempo pero el equilibrio llegaba, perfecto, absoluto.

Y entonces, un buen día, dejé de creer en dragones. Y el tiempo se hizo breve, limitado. No había posibilidad de redención ni de castigo. Había que vivir con las cartas que te había tocado y aceptar el hecho de que el equilibrio era un utopía irrealizable. Mi mundo se volvió considerablemente más hostil, inestable e impredecible...

Así que decidí simplificar las cosas: desde entonces evito en la medida de lo posible leer libros o ver películas cuyo argumento incluya esos desequilibrios que tanto me alteran. La realidad ya es suficientemente inestable como para adornarla con ficción violenta, dramática o, sencillamente, triste.

Y aunque pueda parecer una postura naïf, es sólo cuestión de supervivencia...
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2 comentarios:

Lumen dijo...

Tu entrada me hace pensar invitablemente en la canción "Puff era un Drac Màgic", una de las más dulces, pero también tristes que conozco. Veo que ya no vas a la playa a esperar que Puff salga del agua para jugar con él, te has percatado, o eso crees, de que en realidad no existe; y él se ha marchado llorando y mirando hacia atrás...

Mireia Sagristà i dos Santos dijo...

Tu postura no es naïf, bajo mi punto de vista es inevitable. Yo hago lo mismo o parecido: intento evitar todas las situaciones que me enfrentan a toda esa realidad vulgarmente espantosa que nos rodea. Yo, sin embargo, no he dejado de creer en los dragones -para mí equivaldría a tirar la toalla-, he asumido que un día se fueron para no volver, porque no merecíamos que permanecieran a nuestro lado... pero no abandono la lucha para ser mejor y conseguir que un día, aunque yo ya no esté, decidan volver y, quizás mis hijas, tengan tengan la fortuna de verlos dominando el cielo.

SUS...PIRO

Tanto aire exhalado sin sentido... intentaré hacer algo productivo con él y convertirlo en palabras.